En defensa propia

Claudia Morales · Buenos Aires (Argentina) 

El abogado sube al estrado. El estrado es el lugar perfecto para él. ¡l fija una fianza. La fianza deja libre a la mujer que mató a su marido en defensa propia. La propia esposa del abogado está sentada en primer fila. La fila de mujeres que aplauden con ganas. Sin ganas, vuelven los dos a casa. En casa, ella atiende a la marmota. La marmota pide mermelada. La mermelada mancha el traje caro. Caro lo paga la abogada, demasiado. Demasiados golpes en el estómago. El estómago de la abogada se revuelve, mientras está doblada en dos en el piso, recibiendo las patadas y piensa: disfrútalo mientras puedas, cerdo… algún día, yo también encontraré un buen abogado que me deje libre.

 

 

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