Memories

Sonia González Rúa · Bilbao 

Me encantaba ir a la feria con la abuela. Cada verano, el campo de fútbol del pueblo se convertía durante un plazo de cuatro días en el solar que albergaba el tiovivo de caballitos, la noria de madera, el puesto de tiro al pato, el de algodón de azúcar y manzanas de caramelo… Merendábamos un bocadillo de panceta mientras recorríamos el recinto; de postre la abuela me compraba unos cañutillos de suplicaciones y una Mirinda de naranja. La atracción que más me gustaba era la tómbola, donde había que completar un cartoncito de seis cifras, más el reintegro, para lograr un premio. Huelga decir que la abuela no escatimaba recursos para que lo consiguiese, pero casi siempre tocaba retirarse con las manos y la faltriquera vacías. Una vez, tras invertir un puñado de perras gordas, ganó para mí la Mariquita Pérez con la que hoy veo entretenerse a mi nieta.

 

 

 

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