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Julio Montesinos Barrios 

Ávalon fue el nombre elegido por la comunidad primigenia para aquel paraje idílico desde el que impulsar el crecimiento sostenido, inclusivo y sostenible. Un guiño a la isla mitológica que, gracias a la educación y carácter innovador de sus integrantes, se hizo realidad.

La correcta gestión de los recursos naturales y el cumplimiento de las normas fomentaron el progreso de Ávalon. Como jurista, asumí la responsabilidad de administrar justicia con equidad y sentido común. El beneficio colectivo era el valor más importante.

Hasta que la generación de excedentes trajo la abundancia, los cargos administrativos, recaudadores de tributos, políticos, empresarios… Las leyes se relajaron. El juego le ganó la partida a la sostenibilidad. Renuncié a mi cargo de juez tras leer un informe con licencias para cinco nuevos casinos. Un rótulo luminoso da la bienvenida a sus miles de visitantes, nutriendo su fluorescencia con el amargo gas de los sueños perdidos.

 

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