Imagen de perfilAgua para el romero

Pablo García Muñiz 

Como abogado del Banco Nacional, me desplacé a la vivienda ocupada por Steffano para negociar con él. Steffano resultó ser un tipo encantador. Hablamos de la diferencia entre usurpación y allanamiento, de equidad social, del mercado inmobiliario. Agradeció mi educación y mis formas, mucho más humanas -dijo- que las de los desokupas que le habían visitado la última vez.

Charlando sobre cambio climático, me enseñó algunas modificaciones que había introducido en la vivienda: un innovador sistema de filtros para mejorar la calidad del agua y unas placas solares que aumentarían significativamente el valor del inmueble.

Días después, me despidieron del trabajo por una serie de rumores que no me esforzaré en matizar y hoy he preferido no acudir al juicio.

Miro mi teléfono, esperando leer el mensaje de Steffano que me confirme que hemos ganado, mientras riego el romero -nuestro romero- con el agua más cristalina que haya visto jamás.

 

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