Imagen de perfilPequeñas satisfacciones

Jerónimo Hernández de Castro 

Siempre resulta grato el reencuentro con los antiguos discípulos, aunque sea en la sala de vistas y yo sea el acusado. El fiscal, no cabe duda, es de mi escuela y de los mejores. De mí aprendió que la justicia es la prioridad y a repudiar distracciones sentimentales. Ahora, ante su verbo insolente que me apremia a contestar en interrogatorios y careos, debo hacer gala de todos mis recursos dialécticos para paliar lo inevitable.
En unos días saldrá victorioso y ello me permitirá saldar mi deuda con la sociedad, a la que ya hace tiempo dejé de servir. Solo cabe aprovechar la oportunidad de una nueva etapa. Como un enfermo, con una larga convalecencia por delante.

 

 

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