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Lorenzo David Rubio Martínez 

El abogado que representaba a la H había fracasado. El juez del diccionario de la Real Academia Española (RAE), por mucho que la defensa demostró que la letra se podía comunicar por gestos como cualquier otra grafía, dictaminó que la H no emitía ningún sonido y no se merecía tener fonema propio y, por ende, ni se dignó a sentenciar la cautelar. Así, hastiadas, «Helado», «Héroe», «Aherrojar», «Hispanohablante»…; una tras otra, todo el glosario de palabras de la H del vocabulario de la lengua española que abarrotaban la sala, abandonaron sus asientos con las maletas en sus manos en dirección al helipuerto. El destino: Hawai. Allí les permitirían sonar de modo parecido a las jotas españolas. Pronto el magistrado se arrepintió de la sentencia, cuando comprobó que todos los vocablos con H habían desaparecido del diccionario de la RAE.

 

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