OBSESIVA VOCACIÓN

ISIDRO CATELA MARCOS · MADRID 

La primera sospecha la tuvo mi tutora de Bachillerato. Yo era un muchacho reservado, que no destacaba por su excesiva concentración en nada. A todos les decía que quería ser futbolista, pero nadie se lo creía. Me explicaban Matemáticas y aprovechaba las gráficas curvas de las integrales para dibujar togas. Me explicaban Geografía e inventaba un punto grueso en el centro donde situaba la Ciudad de la Justicia. A mis compañeros les llamaba señorías y en cuanto se descuidaban aprovechaba para habilitar un bufete improvisado en los pasillos del instituto. Por eso, cuando en Literatura estábamos midiendo versos con la clásica cantinela de Bécquer, yo, entre las carcajadas de todos, en realidad declamé: “¿Qué es un abogado? – dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul-. ¿Y tú me lo preguntas? Abogado eres tú”.

 

 

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