INOCENCIA

Adriana Lucía Hernández Planillas · Gallecs (Barcelona) 

Desde que era un chiquillo tengo la imagen de una gran sala donde recuerdo un ir y venir de gente. Había personas sentadas, personas que hacían preguntas sin dejar de andar de un lado a otro. Oía martillazos y la palabra “acusado” cada vez que volvía. El caso es que era menester que yo estuviese ahí. Había alguien de mi familia que debía comparecer ante aquel Tribunal. Lo que más recuerdo de aquellos días es el hambre que tenía y los lloros de mi madre. Me pedía que la abrazase. Yo obedecía sin rechistar. Un día nos fuimos a Francia porque en su opinión debía empezar una nueva vida para nosotros. Lo que supe tiempo después es que nadie quiso pagar la fianza de mi padre, que murió entre rejas y envuelto de soledad. Lo único que pensé en ese momento fue: Al menos, ahora, no tengo hambre.

 

 

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