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Ana María Lezcano Fuente 

Su anillo de casada con un hermoso brillante- aunque pequeño- era luz en aquel secarral.

Educadas en la vieja escuela, dominaban el idioma de aquel hombre forzudo, oscuro de piel y taciturno que les había hecho preguntas aunque él solo chapotease en un dialecto incomprensible.

La organización humanitaria debía abogar por el cumplimiento de pactos en el ámbito de los derechos humanos y debían censurar a los responsables que permitían que seres humanos fueran sometidos, esclavizados y maltratados de mil formas.

Habían llegado y estado juntas hasta el minuto fatídico en la calle comercial, cuando la del anillo se encontró hablando al vacío.

Un secuestro. Acabó sin consecuencias graves cuando una de ellas, juntas ya y encerradas, le espetó al tipo la palara albarán.

El efecto fue inmediato y milagroso: le quitó su anillo y las dejó en medio de la nada.

Fueron noticia breve en un telediario.

 

 

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