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Mª Montserrat Arellano Martínez · Huesca 

Llegamos al martes. Hace tan solo seis días y ya he desaparecido por completo, mimetizado entre el polvo y las tiendas, asimilado al resto de seres hacinados. Mi traje, para el que ahorré un año entero, está arrugado y sucio. Qué importa. No me va a servir de nada aquí ser abogado. El recuerdo del mar me atormenta, el pánico de la huida se ha instalado en mi pecho, ahogando mis principios, por los que tanto luché. La tierra firme del campo, con su monótona desesperanza, acaba siendo preferible al miedo. El tiempo que va goteando lentamente es vida, aunque sea a la sombra de la alambrada. Refugiado. Me siento más como un carnero dentro del vallado, rodeado de perros pastores que me miran con desconfianza. Refugiado o prisionero. Hombre o res. Huir o volver.

 

 

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