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Jorge Luis González Castro 

Del barco naufragado sobrevivimos quince personas en una isla desierta. Sin esperanzas de rescate afloraron las miserias humanas. Hubo banqueros atesorando pescado, periodistas falseando noticias y generales sin ejército. Incluso fue electo un presidente vitalicio con fraude en la urna. Yo planté mi despacho bajo un cocotero. Repartí consejos y frené pasiones. Desarrollé mi competencia mediando en los conflictos de aquella caricatura de sociedad. Me sentía útil hasta que una mañana descubrí que todos fueron rescatados sin avisarme. Me abandonaron. Tras varios años llegó un mensaje en una botella para comunicar el inicio de un expediente sancionador. Según el Ministerio de Hacienda no había declarado los rendimientos de una actividad profesional en la modalidad normal. La ley no establecía dentro de los servicios exentos de tributos, los de asesoramiento jurídico durante una catástrofe. Luego de un profundo análisis concluí que es muy peligroso ser abogado en un mundo de locos.

 

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