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ELENA BETHENCOURT 

Vi que mi ex vendía nuestra historia de amor por internet. Como es un delito poner a la venta algo que no es tuyo, cogí un abogado y le demandé. Su defensa alegó que tenía que deshacerse de nuestro pasado juntos porque había sido un valle de lágrimas y tanta agua le estaba inundando el chalet.
El jurado no logró empatizar conmigo y, más que un puñado de gente objetiva, parecía una comisión a su favor.
Cuando todos los recursos resultaron desestimatorios, perdí el caso. Entonces, yo misma abrí la página de Mil anuncios y le contacté para comprarle nuestro viejo amor. Me dio la dirección. Era cierto que su casa parecía ahora Venecia, tan romántica que me quedé a ver la puesta de sol naranja y rosa sobre el Gran Canal.
Desde entonces miramos juntos Wallapop, en busca de góndolas de segunda mano en las que volver a navegar.

 

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