Imagen de perfilDE CRISTALES Y OTRAS CONTRADICCIONES

Margarita del Brezo 

Nunca imaginé que mi empleo como abogada consistiría en promover el lenguaje inclusivo en el bufete que me contrató por un salario muy inferior al mínimo interprofesional. Superviso que informes, autos y sentencias redactados por mis colegas incluyan a «todos y todas». Y así todos y todas hemos conseguido entrar a formar parte del afamado club de «Empresari@s por la igualdad», que entrevisten a mi jefe en televisión y un crecimiento de clientes exponencialmente productivo.
Como recompensa yo recibo palmaditas en la espalda y palabras de agradecimiento casi a diario. Y un diccionario enciclopédico en cada cumpleaños que no dudo en cargar hasta la azotea y lanzar con fuerza contra el techo de cristal del despacho, a ver si se rompe de una vez. La señora de la limpieza refunfuña mientras recoge los tomos descuajeringados, aunque cuando cree que nadie la ve, golpea enérgicamente el cristal con la fregona.

 

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