77 puñaladas

Carlos Mª Andújar Vaca · Madrid 

Para una sociedad, un juez prevaricador es peor que un asesino en serie. Esto debió pensar este abogado el día en que tuvo su funesta fantasía jurídica: ser una persona típica, lo peor en Derecho Penal. Contemplando desde el bloque de apartamentos a su última víctima del sistema judicial, el abogado sintió una necesidad irrefrenable de ensañarse con aquel magistrado zoquete y corrupto. Antes de asestarle la puñalada definitiva, en la soledad infame del delincuente, escudriño como una piraña el significado de «aumento deliberado e inhumando del dolor del ofendido». Recopiló la más alta jurisprudencia, atendió a la doctrina más escuchada, leyó a Borges, como un excelso jurista, como un asesino depravado por la norma, y finalmente, con el Código Penal en la mano y unas cuantas sentencias confirmatorias, aplicó el precepto legal y le dio 77 puñaladas, aunque a efectos legales tan sólo contaron las tres primeras.

 

 

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