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RAFAEL LAPIEDRA MESEGUER 

Faltaban escasos minutos. Los nervios seguían presentes desde el mismo momento en que me asignaron el juicio por un delito leve. Mi primera actuación en sala… virtual. Nuevos tiempos. Qué pena, me hubiera gustado lucir mi nueva toga por los pasillos del Juzgado.
Tocaba hacer revisión: buena iluminación; conexión a internet funcionando… hasta había aceptado todas las cookies. Mi instructa, en la pared, cual teleprónter. Ojalá no se escuchen las obras del vecino, o el gorjeo del pájaro de Concha a través del patio de luces.
Empezamos, y los nervios dan paso a un convencimiento personal: este es mi lugar. Tras ventilar los protocolarios saludos, empiezo a regar la sala con mis mejores argumentos jurídicos, en el marco de una determinada, aunque limitada, comunicación no verbal. Este caso es mío. A través del monitor miro a los presentes, estupefactos, cuando el Juez interrumpe mi alegato:
-Letrado, tiene puesto el mute.

 

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