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Joaquin rodriguez hurtado 

Estoy nervioso, es mi primer día y no quiero causar decepción. Me siento en el estrado y miro a mi madre como único público con su cesta de la compra. Me sonríe. Sé que en casa me borda unas puñetas para cuando sea juez. Entra en sala el acusado, que mira desafiante al mundo, sus tatuajes son toda una declaración de intenciones. Cuando empieza la vista, en cuestiones previas alego caducidad. ¿Prescripción? me corrige la Juez y el mundo se me viene abajo, pero tiene razón y rectificó: prescripción. El fiscal mira y remira la causa, finalmente se aviene y hace un comentario oscuro sobre la instrucción. He ganado. Estoy contento. Mi madre no se ha enterado de nada, pero yo sé que por mucha puñeta que me haga no quiero ser juez, sino abogado. El juicio termina y sigo nervioso, creo que me tomaré el resto del día libre.

 

 

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