Sorpresa

Mireia Bonaventura Caparrós · Barcelona 

Se hacía larga la espera. Encendí un cigarrillo y exhalé lentamente el humo del tabaco. Mi manera de fumar reforzaba mi imagen de femme fatal, actitud nada didáctica, lo sé. Además de asemejarme desgraciadamente a una vulgar chimenea. Entré en la sala y recé para que todo saliera bien. Bastante castigo era ser joven, mujer, con curvas, fumadora y de nacionalidad colombiana. Pude observar como al abogado contrario, una especie de botijo con patas, le hacían los ojos chiribitas mientras fijaba insistentemente el negro de sus ojos en mi escote dorado… la toga entreabierta dejaba presentir la turgencia de mis senos y una tonalidad miel que delataba mi origen. La jueza miraba la escena entre divertida y horrorizada… a saber que pensaba su Señoría de semejante sujeto. Él intentaba recuperar la compostura y el habla, atrapado irremediablemente en mi voluptuoso cuerpo. Hombres, pensé, que más dará a lo que se dediquen.

 

 

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