Comunicación

Miguel Angel Arana Martinez · Pamplona 

Aquel cliente del turno de oficio era de una nacionalidad incierta, de alguna de esas repúblicas ex soviéticas que uno no sabe ubicar en el mapa. Hablar con él resultaba un ejercicio de didáctica especialmente arduo. Ayudado por mis escasas nociones de inglés y sus limitados conocimientos de castellano, traté de explicarle su situación mediante conceptos sencillos. Si no me hacía caso, si no me contaba la verdad, no podría ayudarle. Creí que iba comprendiendo, dada su mirada perspicaz y atenta, camuflada apenas por el humo que exhalaba cual chimenea. – Bonita toga -me dijo-. Gusta. Se me cayó el alma a los pies. Me di cuenta de que el caso estaba más perdido que un botijo en una fiesta de piñatas. Miré el reloj: aún nos quedaban veinte minutos hasta el comienzo de la vista. En fin. – ¿Me das un cigarrillo?

 

 

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