Por beber demasiado

Antonio Gil Fons · Valencia 

Aquel día había llegado. Creía que si había justicia conseguiría escapar del castigo. No entendía como yo, un experto abogado en libertades individuales, podía hallarme en aquella situación. Miradas de tristeza por parte de amigos se mezclaban con miradas inquisitoriales que me llegaban al fondo del alma. El estrés, la ansiedad y el miedo se apoderaban de mí al tiempo que maldecía lo que el alcohol me había llevado a hacer un año antes. No había vuelto a beber y cada vez que sentía el síndrome de abstinencia me golpeaba la cabeza contra la pared. Esperaba que alguien en el último momento saliera en mi defensa pero todos me habían abandonado. Y, resignado a mi pena, observé la cara de aquel hombre que con mirada impaciente me repetía una y otra vez: -Vamos a ver, hijo mío, ¿quieres tomar por esposa a esta mujer sí o no?

 

 

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