Entre dos luces

Yolanda Ferreras Pernas · León 

Buscó unas piernas ágiles que resistieran los tacones todo el día. Del segundo estante del armario, tomó un par de brazos y unas manos, con las que revolvió los cajones de la cómoda en busca de unos ojos que le hicieran justicia. ¡Qué estrés!, ¡¨dónde estaban las cejas?, ¡juraría que anoche estaban en la estantería del baño, al lado de las uñas de manicura francesa!. Escogió un gesto leve, de labios ligeramente pintados, y una voz bien modulada para convencer al jurado… El café, de pie, con las magdalenas del tiempo perdido, tenía aquella mañana el síndrome de Proust. Salió a toda prisa, a la vez que cogía al vuelo la carpeta con los alegatos de la defensa, el maletín, el móvil…no se dejaba nada… Antes de cerrar la puerta, el espejo del vestíbulo atrapó a la mujer; fuera, el amanecer de hielo, engulló al abogado.

 

 

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