El Síndrome

José María Solís Carpintero 

Su mujer lo denominaba el Síndrome Post-defensa, aunque no solo lo padecía en los juicios penales: llamaba al timbre, primero suavemente, luego con más insistencia. Cuando Mar abría la puerta lo encontraba con la mirada colgada del infinito, acariciando con las yemas de su mano derecha la placa dorada de la puerta «José María Solís. ABOGADO». Si las cosas habían ido mal, atravesaba el umbral balbuceando entrecortadamente frases que invariablemente hablaban de la Justicia. Si habían ido bien, esbozaba una sonrisa, murmuraba un saludo y se encaminaba hacia la salita en donde buscaba acomodo en su viejo sillón de cuero y trataba de relajarse. Poco a poco, el estrés que le había ido produciendo la Vista desde la noche anterior, se iba esfumando. Cuando, por fin, lograba dormirse, Mar entraba de puntillas en la estancia y le cubría con una manta de lana.

 

 

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