Imagen de perfilTraición a la Justicia

Eva González González 

Nadie compartió mi entusiasmo por cambiar de bufete. Y menos mi padre, víctima de una educación arcaica que censuraba los cambios; era un despacho pequeño pero innovador, que no sólo prometía sino ejercía la equidad entre sus empleados. Nada más leer la oferta supe que sería mi nuevo hogar. Fui consciente de mi error cuando aceptaron la defensa de aquel pederasta y consiguieron su absolución. Traicionaron a la Justicia, aquella a la que Aristóteles definía como la virtud más necesaria de todas para la conservación del mundo. Creen que maté a mis colegas porque mi comida era la única que no estaba envenenada. No fui yo, no tendría valor. Fue la justicia divina, siempre poética.
Observándole abandonar la sala mi nueva ayudante del hospital psiquiátrico me preguntó:
-¿Cómo puede un abogado convertirse en asesino múltiple?
– Es que no es uno de ellos. Era el cocinero de la empresa.

 

 

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