Suerte caprichosa

Montse Augé Hernández · Sabadell (Barcelona) 

No era posible encontrarse en un estado de mayor depresión: mi primera noche en un piso alquilado que necesitaba a gritos una reforma urgente, alumbrado tan sólo por una triste bombilla que colgaba como un ahorcado del techo e iluminaba a duras penas la palabra jurisdicción que se repetía continuamente en mis apuntes de la Facultad. Mis ojos vidriosos a causa de un catarro contribuían a transportarme a un mundo de sombras e imágenes borrosas. La melodía de mi móvil… Alguien llama. Era Marcos. -¡Ignacio! ¡El premio gordo! ¡Nuestro número finalmente ha salido! No era posible encontrarse en un estado de mayor depresión: aquella semana no había jugado.

 

 

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