Recurso de toga

Victoria Trigo Bello · La Joyosa (Zaragoza) 

Recoger el premio al abogado revelación era poco gratificante en mis circunstancias. Un fuerte catarro me obligaba a limpiarme la nariz a cada instante. Además, aquel reconocimiento por casos que no habían sido de mi jurisdicción era un disparate más de aquella reforma que puso los juzgados boca abajo. ¿A quién se le ocurriría organizar un evento así en tiempos en que para reponer una bombilla en cualquier sala había que presentar la fundida y eran necesarias tres firmas para que el bedel te diera la nueva? Pero, independientemente de ese absurdo, lo más grave era que según el plan de ahorros eliminaron el papel higiénico y las toallitas para secarse las manos. Ya no me quedaban pañuelos ni en el escritorio, ni en el abrigo, ni en el coche… ¡Y los medios de comunicación en mi despacho! No quería recurrir a la toga aunque, tal vez, con la venia…

 

 

 

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