Papá, soy Diego y existo

SANDRA CRISTINA RINALDI MANZANO · Córdoba (Argentina) 

Diego amaneció con catarro, esto que para cualquier madre es sencillo, para Eugenia es el infierno, pues puede terminar con la vida de su hijo. El, es down con plus. Vive solo por el amor traducido en cuidados. Por diez años, su madre luchó en la jurisdicción reclamando al padre la fortuna con la que pagó por su divorcio, para darle el derecho a Diego de ser una persona y no un “monito que había que enjaular”. Nunca obtuvo ese premio. Un juez machista se burló de su dolor, rechazando su demanda. Ya no hay más recursos que interponer. Diego tiene una vida oscura, iluminada solamente por una bombilla y la desesperanza de cualquier reforma que le devuelva la dignidad hurtada. En su mundo impenetrable, solo queda la espera silenciosa que el padre contribuya algún día, al menos, con un abrazo.

 

 

 

Queremos saber tu opinión