Gallito peleón

Cristina Niubó Morales · Hospitalet de LLobregat (Barcelona) 

Durante meses, la bombilla pendió desnuda de un cable. La halógena no llegó a sustituirla: las obras de la cocina se suspendieron de repente, y fogones y azulejos, testigos de la infidelidad de una esposa, jamás recibieron el premio de una reforma integral. El marido finiquitó su matrimonio al saberse traicionado, no sin antes contratar al mejor abogado de toda la jurisdicción. Y el abatido divorciado, tras meses de sustentarse a base de congelados, decidió aprender a cocinar ¡Y resultó tener un don! Montó su propio negocio, y su fama fue creciendo. Si le piden que recomiende un plato, siempre aconseja “gallito peleón”. Le recuerda al paleta que cambió su vida, al que no acabó las obras, al hombre que pasó toda una noche desnudo en el balcón ¡Benditos los catarros! El que cogió fue tan fuerte que el primer estornudo fue su delator.

 

 

 

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