Fiesta

José Antonio Ruiz Quero · Barcelona 

El día de mi cumpleaños tenía un catarro como premio de la fiesta de la noche anterior, me propuse emprender la reforma de mis costumbres noctámbulas dejando los baños marítimos en estado de embriaguez y limitando mi jurisdicción lúdica a ciertos garitos y chicas de confianza. Llevaba unos meses de desenfreno y ello era incompatible con el trabajo en el juzgado, la mirada del juez por encima de sus anteojos y endurecida por la bombilla de su escritorio condenaba mi insistencia en aparecer más desastrado que mis humildes clientes, rateros todos de baja extracción. Ignorando la respetable opinión del juez sobre mi persona me sumergí en mis más agradables pensamientos, y en ellos estaba la chica de anoche, la desconocida que me invitó a una copa y con la que compartí el mar, la que ahora era mi cliente por robo y estafa.

 

 

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