FEBRIL

Miguel ¡µngel Flores Martínez · Barcelona 

Eso no pertenece a mi jurisdicción, le oí decir a través de la pared. Yo continuaba acostado por un catarro perruno. No quería salir, no necesitaba comer. ¡l, que era abogado, trabajaba en casa y su despacho estaba junto a mi cama. Está bien, haré lo que pueda, dijo, espero que el fiscal no sea muy impertinente. Yo era incapaz de comprender todo lo que decía. La fiebre seguía a subiéndome sin parar. Me notaba arder como si me hubiera tumbado al sol tres días seguidos. Colgó. Se asomó al cuarto y encendió la bombilla. No habrá premio si no te levantas, me dijo. Para entonces me sentía como si me estuvieran haciendo una reforma por dentro. No podía moverme. Abrí los parpados. Para mí era imposible hablar. Así que, lo único que pude hacer, con mucho esfuerzo, fue soltar un débil guau, que casi no se entendió

 

 

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