Estornudar a tiempo

Javier Fernández Granda · Salas (Asturias) 

No era mi primera experiencia en un juzgado aunque no tenía ni idea del alcance de palabras como jurisdicción, causa o reforma, que había escuchado balbucear a mi abogado minutos antes con un hombrecillo menudo en los pasillos. Qué pestilencia de vocabulario, pensé. En aquella sala diminuta alguien me pidió que contestase a la pregunta del fiscal y resultó ser él, el mismo del pasillo. Aquél día llevaba un catarro en condiciones y un inesperado estornudo le alcanzó antes de poder contestarle a la pregunta. Como premio el hombrecillo recibió unas salpicaduras abundantes que me hicieron sonrojar, mientras notaba que era un momento fatal para que se iluminase la bombilla de mi ingenio. Seguí estornudando y, sin saber qué decir, pedí un médico. Me dejaron salir hasta calmarme; el tiempo necesario para pensar. Entré de nuevo y les convencí con algo que no tenía preparado. El estornudo había sido propicio…

 

 

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