El más rápido

Benedicto Torres Caballer · Valencia 

El güisqui no mejoraba mi catarro pero aliviaba el tormento que sentía cuando las recordaba. Tenía que haber ido yo a ingresar aquel maldito premio, un mísero talón de cien dólares. Ahora sabía que ninguna reforma legislativa sería tan efectiva como el revólver, libre de jurisdicciones. Después de cabalgar durante semanas siguiéndole el rastro, finalmente encontré a Billy bebiendo tequila en una desolada cantina fronteriza. “Billy, ¿recuerdas la matanza del atraco al National Bank? He venido para entregarte”, le dije descubriendo mi pistolera. Mientras el cantinero se escabullía en la trastienda Billy se levantó furioso y desenfundó. Sentí impasible los fogonazos y una bala reventando una moderna bombilla de adorno. Tuve suerte, él no la merecía. “Desenfundas rápido. ¿Quién eres?”, preguntó deslizándose sobre una columna que manchó de sangre. “El abogado de la acusación”, le respondí en cuclillas mientras le enseñaba una foto de mi mujer con mi pequeña.

 

 

 

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