El caso Yoplait

Ugaitz Rojo Galarza · Bilbao 

Para mi sorpresa cuando abrí el frigorífico la bombilla de su interior iluminó un juicio. Uno en el que el ser humano no tenía ningún tipo de jurisdicción. Las hortalizas y los envases estaban decidiendo si hacer una reforma de ley para expulsar a los yogures. Un trozo de apio ejercía de abogado acusador y una caja de leche de abogado defensor. El trozo de apio argumentaba que lo único que hacían era ocupar sitio para finalizar caducados. En cambio la caja de leche defendía las cualidades alimenticias y de lucro, por el posible premio, de los yogures. Fue entonces cuando decidí cerrar la puerta. Por un lado para dejarles intimidad para deliberar y por otro para no agarrar un catarro. Desconozco que ocurriría al final pero no he vuelto a comprar yogur, por si acaso.

 

 

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