Déjate arrastrar

Iván Romero Soriano · Valencia 

Nunca quiso ser abogado. Lo tuvo claro nada más empezar la carrera. Fue oír la palabra jurisdicción y saber que aquello era un error. Pero pensó que a casi nadie le gusta lo que hace. Que simplemente se trata de ganarse la vida lo mejor posible para, por ejemplo, llegar a sus cuarenta y tres y poder pagarse la reforma de la casa. Los obreros trabajaban duro, decía su mujer, pero lo cierto es que la triste bombilla que iluminó el salón cuando pulsó el interruptor colgaba del techo ya durante dos semanas. La obra parecía no avanzar. Entonces la oyó estornudar en el dormitorio. Por la mañana, al cruzarse con el capataz de los albañiles, había notado que el tío llevaba un buen catarro encima. Mejor ni pensarlo, se dijo. Mejor limitarse a escribirlo, a ver si hay suerte y cae un premio.

 

 

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