Causas imposibles

Santiago fernández Patón · Málaga 

La presidente de la comunidad vino a buscarte antes de la cena. Sabía que tú eras abogado y, como deberíamos haber leído en la última circular, la comunidad había denunciado a la empresa encargada de la reforma del edificio por incumplimiento de contrato. Le dije que estabas en la cama, doblegado por un catarro que habías traído de Copenhague, donde en representación de tu firma acababas de recoger un premio europeo. Por fortuna, el leve resplandor de una bombilla que en un descuido no había apagado se escapaba de nuestro dormitorio, y ella pareció creer mis palabras. Se marchó y yo entré en el dormitorio. Antes de apagar la luz miré nuestra cama, vacía. Esta noche, como tantas otras, tu jurisdicción estaría en el colchón de otra mujer. A veces parezco yo la abogada de causas imposibles. Pero a mí no me dan ningún premio.

 

 

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