Adiós al tiempo

Carmelo Juez Jiménez · Huesca 

El juicio le había parecido largo, pero ya no sabía si ese pensamiento era objetivo o tan solo era fruto de la pasividad de su tiempo. Tumbado en la cama y arropado por su serenidad recibió la noticia por boca de sus abogados. Aquella tarde se convirtió en un carnaval de afecto. Todos se acercaron para despedirle. Al apagarse el sonido de la última voz se puso a recordar el principio; el catarro inicial, la posterior enfermedad, la degradación física. La decisión tomada. La tenacidad de sus abogados. Su caso, estaba seguro, sentaría jurisdicción. A la mañana siguiente le pusieron el gotero. Inicialmente se encontró mareado, molestándole incluso hasta el resplandor de la bombilla. Después, una calma benéfica le acompañó hasta el final.

 

 

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