Imagen de perfilFrente a frente

Elsa Lafuente Martínez · Madrid 

La tempestad estaba a punto de desencadenarse. Allí estábamos las dos, una frente a la otra, en la mesa del comedor, mi hija adolescente y yo. Hacía un par de minutos que me habían llamado del colegio para hablarme de su enésimo engaño para no asistir a clase, con la consecuente expulsión. Ella seguía con la mirada fija en su vaso de agua, mientras yo pensaba en cómo abordar la cuestión. Y sin previo aviso ella estalló:

– ¿A qué estás esperando para empezar con tu interrogatorio? No tienes suficiente con hacer testificar a todo hijo de vecino en el juzgado, que aún te quedan ganas de venir a casa a someterme a esta tortura china cada día. No te molestes. Me voy a declarar culpable. Como tal, me dirigiré a mi celda de castigo.

Antes de que pudiera articular palabra, había desaparecido de la estancia rumbo a su cuarto.

 

 

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