Sin recurso

Silvia Vicedo Ramón · Alcoy (Alicante) 

Recibió su sentencia de muerte una noche preciosa. El cielo surcado de estrellas de cinco puntas presagiaba ya una mañana esclarecedora. Tal y como le habían gustado siempre; con la condena añadida de no poder disfrutarlas jamás. Nunca. Su informe así lo rezaba; incontinencia a la exposición de los rayos solares. De manera que los días luminosos el juez no acudía a la sala de audiencias, sino que ejercía desde su despacho. Ordenó sus expedientes dejándolos alineados para el próximo magistrado que ocupara su cargo. Y tras guiñarle un ojo a la maqueta de Temis, su muda confidente, se dirigió a la playa. Se sentó en la arena esperando la partida final. El primer rayo de sol le alcanzó el corazón, invadiéndolo de calidez, rozando lo humano y evocando al niño que fue alguna vez antes de comenzar todo. “Aquí es donde tengo que estar” suspiró finalmente el vampiro.

 

 

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