Recuerdos

José Luis González Martínez · San Sebastián 

Fue su última gloria. El abogado, cumplidos los setenta, pisoteó con audacia la pequeña maqueta de Alcatraz. Apasionado, habló a la sala de la inútil niñez, la hogaza, solo un escaso garabato sobre la madera, la calle…Luego miró al acusado y todos le imitaron. Joven, flaco, la cara rayada por la desesperanza. El juez, sudoroso, releía el informe. La condena quedó reducida a un año. Después se retiró enfermo, decían que asolado por el alzheimer. Una tarde lo tropecé en la playa. Noté las arrugas incontables, la oquedad de sus ojos, las manos temblorosas…. “He olvidado el nombre de mi mujer” me dijo mientras jugaba con el cubo y la arena. Callé, sin poder ayudarle, siquiera con lo de su mujer, y aquello me trajo la desazón de mis sesenta y ocho. “Te curarás…abogado” mentí mientras huía aterrado, sin lograr recordar tampoco su maldito nombre.

 

 

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