La diva

María Luisa Ventura Sánchez 

Estaba perdidamente enamorado de ella y guardaba todas las revistas en las que salía. Un día apareció en una foto, en traje de baño y recostada sobre su lado izquierdo. Sus ojos me miraban enamorados. Me fui a la playa, donde la vi por primera y única vez, y en la arena, reconstruí su imagen a tamaño real. Tan perfectamente la copié, que quienes pasaban por allí la reconocían sin dificultad. Me recliné a su lado, y mirándola me quedé dormido, hasta que llegó la policía y me esposó. Tras varios días entre rejas, me juzgaron en la sala blindada, reservada a fanáticos, violentos y extremistas. Sobre la mesa del secretario: una maqueta de la figura arenosa, la foto de ella, y al parecer, un informe completo sobre mi vida. Se me acusaba de construcción indebida y utilización ilegítima de imagen. La condena: orden de alejamiento y desenamoramiento inmediato.

 

 

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