Juicio final

Marta Currás Martínez · Vigo (Pontevedra) 

Me remuevo en el banquillo de un tribunal desconocido sin saber cómo he llegado allí, aunque las dimensiones épicas de la sala y el grupo de críos regordetes que cantan divinamente en una esquina me sugieren que ayer debí de exceder por mucho mi cupo de gin-tonic. En el estrado, un juez de barba blanca y túnica resplandeciente golpea el mazo frente a un soldado cubierto de arena y sangre, a quien la condena parece afligir sobremanera. De pronto, un alguacil alado de rubios tirabuzones me tiende un grueso informe con mi nombre. Lo abro por la primera página y me encuentro con una fotografía antigua en la que aparezco rompiendo la maqueta del Ibertrén de mi hermano. Todo empieza a encajar. Cuando el juez pronuncia mi nombre, doy un paso al frente con aire resuelto, aunque sospecho que ejercer la autodefensa en este juicio no servirá de mucho.

 

 

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