Juegos de niños

José Antonio González Pérez · Pontevedra 

Todo estaba dispuesto en sala,realmente parecía una maqueta minuciosamente elaborada. Los intervinientes se habían batido esgrimiendo sus mejores armas, como los gladiadores lo hacían en la arena del coso. El informe del abogado había sido exquisito, contundente, nadie albergaba dudas, mientras esperaban el veredicto, de que no podría haber condena. De repente, la voz de la cuidadora de la guardería llamando a comer provocó la desbandada de los niños, la improvisada sala de vistas se quedó vacía. Estaba claro que instalar una guardería en el edificio del Juzgado había sido buena idea pero no resultaba extraño que los niños jugasen a los juegos de los que tanto oían hablar en sus casas, mandilones sustituían a togas y muñecos a códigos. Nunca hubo magistrados tan imberbes.

 

 

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