Granos de arena

Ismael Hevia Galicia · Valladolid 

Mi padre fue Robert H. Jackson, fiscal en el juicio de Nuremberg, celebrado por genocidio contra líderes nazis. Una noche nos confesó un incidente eliminado, por vergonzoso, de las actas del juicio. Durante el proceso se mostraron numerosas pruebas: maquetas de hornos crematorios y cámaras de gas, informes nazis planificando la solución final, fotografías y películas de los campos de concentración. Mientras el horror se percibía en los rostros de los presentes, los acusados exhibían una fría indiferencia. Para suscitar una mínima imagen de la magnitud del exterminio, mi padre presentó al tribunal un grano de arena por cada persona muerta. Vaciaron en el suelo decenas de sacos formando un montón de seis millones de granos. Los ventiladores esparcieron arena por toda la sala. Los acusados protestaron indignados porque se ensuciaban sus trajes. Mi padre era un hombre bueno. Fueron las únicas condenas a muerte que celebró en su vida.

 

 

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