Emperador

Alejandro Vazquez Valdovinos · Lleida 

Con el birrete por montera, vestido de toga azabache, en triunfal paseíllo por la Corte Suprema, hace su entrada estelar en la Sala de Vistas «ese abogao», Manuel Queiroz Talavante, «Maqueta» le llaman. Viene avalado por un cartel de campanillas, hábil con el engaño a testigos y monosabios, infalible en la suerte suprema del informe o alegato final. El público abarrota los tendidos, se escuchan los primeros «oléees», augurio de otra gran faena, los flashes se disparan desde el estrado destinado a la prensa. En la arena del banquillo aguarda la embestida su cliente, «Emperador», monarca del polvo blanco, 175 kg. de bragada y aceitunada carne, pende sobre él una condena de 15 años por narcotráfico. En el primer tercio de varas, el interrogatorio del acusado, se alza la voz del maestro, su mirada fija en la Presidencia, quietos los subalternos: con la venia del Tribunal… ¡¡¡dejadme solo!!!

 

 

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