Condena injusta

Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

—Señor letrado, proceda. —Gracias, señoría —el abogado sacó un documento de su maletín—. Aquí tengo el informe que demuestra a todas luces que la mercancía incautada a mi cliente no era droga, sino arena de la playa. Antes de que el fiscal interviniera con su alegato, se oyó un timbre estridente que anunciaba el fin de la hora de patio. El hombre recogió ceremoniosamente la maqueta que representaba la sala del juzgado, y guardó en una bolsa de plástico las marionetas del acusado y de la defensa, fabricadas en sus ratos de soledad con papel higiénico y una camiseta vieja. Más tarde, con el teatro desmontado bajo el brazo, se dirigió a su celda, dispuesto a cumplir, un día más, el castigo de una condena injusta.

 

 

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