Concurso

María Antonia Lucas Amate · Madrid 

El jurado le dio la vuelta al reloj y los granitos de arena empezaron a caer lentamente. Tenía una hora por delante para construir esa dichosa maqueta.Todavía no entendía como me había dejado convencer por mi hijo para apuntarme a ese estúpido concurso del colegio de abogados. La sala estaba abarrotada de padres con niños que cortaban y pegaban pequeñas piezas de madera intentando construir un aeroplano. Los trabajos manuales no eran mi fuerte y no podía dejar de pensar en el tiempo que estaba perdiendo en lugar de dedicarlo a terminar el informe pendiente del despacho. Entonces recordé las palabras de mi mujer: “Cuidar de tu hijo te parece una condena” y de repente lo olvidé todo, el despacho, el informe, los clientes y entendí lo que realmente importaba.¡Quitarle la razón a la bruja de mi ex!. Miré el reloj y comprobé aliviado que me daría tiempo.

 

 

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