Ilustración: Juan Hervás


Mi abogado

Eva María Cardona Guasch · Ibiza 

No dudé que D. Felipe sería el mejor abogado para mi defensa. Le conocía porque le hacía las faenas de casa. Le veía tan cabal, tan justo, siempre amable. O eso creía. Confiaba en él pero me decepcionó cuando rechazó llevarme el caso. “Yo le pagaré cuando cobre la indemnización, se lo juro”. Pero él insistió: “Hazme caso, mujer, pide justicia gratuita, y no gastes dinero, ni en mí ni en tasas”. Creí entenderle: para él yo no era una buena clienta, una clienta con clase. Me sentí traicionada, desengañada. Tramité los papeles tal y como él me dijo. Al poco tiempo me asignaron un abogado del turno de oficio. Bueno, muy bueno, el mejor. Ayer me recibió en su despacho por primera vez, aunque antes ya me había dado un consejo acertado. “Te dije que había buenos abogados en el turno de oficio, Merche”. “¡Cuánta razón,D. Felipe!”.

 

 

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