Jubilación prematura

JOSE VICENTE PÉREZ BRIS · Bizkaia 

En la hora del adiós a la judicatura, preparé un empalagoso discurso de despedida. Lo oyeron en el Tribunal Supremo, como homenaje a mi pequeña contribución en materia legal. El decano del colegio de Abogados, rindió los honores en el acto, hablando sin parar del ingente legado dejado. -Estamos en deuda con usted, Vadillo. Luego, tras la cena y los puros me relajé escuchando a los colegas contar anécdotas jocosas de nuestra carrera en el tribunal. Y llegada la media noche, eché el candado a una gloriosa carrera. Regresaré a casa para terminar los días varado entre el pudding y el oporto, revisando con nostalgia, cuanto cachivache haya almacenado en el piso. Me ayudarán a pasar la jubilación. Tal vez escriba unas memorias, tal vez… -¡Señor Vadillo!- me despertó una voz femenina.-Si hace el favor de pasar, van a empezar las pruebas para el puesto… de pasante.

 

 

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