EL RELOJ

Gabriel Francisco de Salazar Viñas · Albacete 

Justino entró en su despacho. Sacó del bolsillo la llave del candado que custodiaba el cajón de su mesa. Extrajo el reloj de bolsillo que se había encontrado cuando aprobó las oposiciones a juez. Le daba cuerda sin mirarlo el día anterior al juicio y nada más dictar sentencia comprobaba: si marcaba más de las doce, culpable y si marcaba menos, inocente. No se lo explicaba, pero era así. Nunca había fallado. Hoy le tocaba el turno a Benigno, el empalagoso decano de la Facultad, acusado del impago de una deuda: “Culpable”. Satisfecho extrajo su reloj, lo miró y para su sorpresa comprobó que marcaba las 11,30h. Salió de la sala dejando ese cachivache en la papelera y con una expresión de tristeza presentó ese mismo día su dimisión irrevocable. A las 20,00h Paquita, la limpiadora, exclamó: —Vaya, ¿quién habrá tirado este reloj? ¡Ni siquiera le adelantaron ayer la hora!

 

 

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