El baúl de los clientes

Emma Reverter Barrachina · Barcelona 

A Pablo le gustaba quedarse a solas con el abuelo en la biblioteca y abrir un viejo baúl que durante décadas permaneció cerrado. “Vas a estornudar, aquí solo encontrarás polvo, polillas y algún cachivache”, le decía el abuelo. En el baúl guardaba regalos de clientes que no habían podido saldar su deuda con dinero: estampillas, un anillo de plata, un jarrón de vidrio, una postal de las Islas Canarias, un bolígrafo de plástico, un bodegón, un candado oxidado y un jarro de miel vacío que a pesar de los años transcurridos todavía estaba empalagoso. Para Pablo el abuelo no era el decano del Colegio de Abogados de Madrid sino el propietario de un valioso tesoro escondido en un cofre pirata.

 

 

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