Vacío

Rubén Gozalo Ledesma · Salamanca 

Se pone la chancla izquierda, luego la derecha y baja a la sala de estar. —¡Feliz cumpleaños campeón, ya te compensaré! —le dice su padre instantes antes de irse. Es un petardo. Un mentiroso. Se lo prometió. No obstante, siempre le surge algo: un conflicto conyugal, un pleito laboral o un problema por una herencia. Se pasa las veinticuatro horas entre el bufete y el juzgado. David debería estar feliz. Tiene todo lo que podría desear: ropa nueva, un móvil de última generación, un sinfín de juguetes y una piscina muy grande en la que se baña en verano. Aun así no sabe por qué, pero siente un enorme vacío que ni siquiera el abrazo de su madre consigue llenar. Después se quita el pañuelo de la cabeza, se acaricia la calva y se pregunta cuándo podrá ser un chico normal y volver al colegio.

 

 

 

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