Testamentos

Kebi Jiménez Rodríguez · San Sebastián-Donostia 

Basilio era el campeón de los litigios testamentales: tenía semejante pericia resolviendo trifulcas entre herederos que era capaz de convencer al más ponderado de los jueces de que finalmente la parte contraria debería conformarse con las chanclas de goma que la tía fallecida recibió en su quincuagésimo cumpleaños. Pero cuando le llegó la hora de litigar por la herencia de su propio padre se topó con la horma de su zapato (o de su chancla): el juez del caso era el hijastro de aquella viuda petarda que consiguió una suculenta porción de la herencia para disgusto de los hijos naturales del marido difunto. Dos años atrás, cuando la defendió, Basilio se ufanó de su éxito, uno más en su fulgurante carrera. Hoy, según entra en la sala, sabe que sus argumentos valdrán de poco al cruzarse su mirada con la del juez, que esboza una sonrisa maliciosa.

 

 

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